Leticia Tarragó

Leticia Tarragó nace en 1940 en la Ciudad de Orizaba en Veracruz. Estudió en la Escuela de Pintura y Escultura del Instituto Nacional de Bellas Artes en Ciudad de México, también estudió Grabado en el Centro Superior de Artes Aplicadas del INBA. Fue discípula del Maestro Guillermo Silva Santamaría y del Dr. Atl.

En La Academia de Bellas Artes de Varsovia estudió Artes Gráficas. Fundó, junto con el artista plástico Fernando Vilchis, el Taller de Grabado de la Universidad de Oaxaca.

Su trabajo ha sido reconocido en todo el mundo a través de exposiciones realizadas en lugares como Boston, Washington, Nueva Orleans, Hawai, Puerto Rico, Varsovia, Tel Aviv, Nazaret, Monterrey, Ciudad de México y por supuesto en Veracruz.

Toda una vida en el arte no se puede resumir en pocas palabras, he aquí un poco de lo mucho que se ha escrito sobre esta gran artista mexicana del grabado.

 

“Sus grandes planchas han sido siempre admiradas y no en balde es Leticia Premio Nacional de Grabado…Hay constantes en Leticia: rostros atónitos, situaciones imposibles, oníricas, encantadas. Luego, la técnica impoluta, la ejecución perfecta y el dominio de sus medios empiezan a jugar ya dar lo inesperado…”
Emilio Carballido.

“Quien conozca la trayectoria de Tarragó puede que se pregunte entonces como cabe apurar más el lenguaje, sí, de hecho, se ha mantenido siempre al margen de retóricas y ampulosidades. Los temas, de estirpe matissiana, eran sutiles variaciones de signos mediterráneos, de figuras luminosas, espacios interiores de colores poéticos. Todo muy sutil, gradual, leve. Interior por sentido, medido por convicción. La forma de pintarlos, concisas figuras lineales recortándose sobre planos de color, saturados de una luminosidad entre ocres, azules, rojos, grises y blancos. No puede ocultar su dominio de unos recursos sobre los que incide en paciente búsqueda de imágenes, convirtiendo las composiciones en espacios silenciosos, donde los objetos flotan, suspendidos, o abrirse a un juego de planos tamizados, de sutiles gradaciones luminosas.”
Miguel Ángel Muñoz

“La figura humana, generalmente femenina, que por cierto lleva siempre ataviada la cabeza, es uno de los personajes centrales en su obra. El rostro ensimismado e introspectivo de su personaje dialoga consigo mismo en un continuo monólogo. De ahí tal vez proviene el desdoblamiento tan frecuente de la imagen. Desdoblamiento siempre del mismo rostro, del mismo ser, más que dualidad, individualidad desdoblada reflejándose y escuchándose a sí mismo.”
Estela Shapiro